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sábado, 1 de enero de 2011

Una nueva oportunidad... 2011


Reflexión para Fin de Año




En estos últimos momentos del año que hoy termina, 
heme aquí, Señor, en el silencio y en recogimiento 
para decirte GRACIAS, 
para solicitarte AYUDA, 
para implorarte PERDÓN. 

GRACIAS, 

Señor por la paz, por la alegría, 
por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado, 
por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron. 



Por esa mano oportuna que me levantó, 
por esos labios cuyas palabras y sonrisa me alentaron, 
por esos oídos que me escucharon, 
por ese corazón que amistad, cariño y amor me dieron. 

Gracias, Señor por el éxito que me estimuló, 
por la salud que me sostuvo, 
por la comodidad y diversión que me descansaron. 

Gracias, señor... me cuesta decírtelo... 
por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, 
por el insulto, por el engaño, por la injusticia, 
por la soledad, por el fallecimiento del ser querido. 

Tú lo sabes, Señor, cuán difícil fue aceptarlo; 
quizá estuve al punto de la desesperación, 
pero ahora me doy cuenta 
que todo esto me acercó más a Ti. 

¡Tú sabes lo que hiciste! 

Gracias, Señor, sobre todo por la fe 
que me has dado en Ti y en los hombres. 

Por esa fe que se tambaleó 
pero que Tú nunca dejaste de fortalecer 
cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo 
me hizo caminar en el sendero de la verdad 
a pesar de la oscuridad. 



AYUDA 

Te he venido también a implorar 
para el año que muy pronto va a comenzar. 

Lo que el futuro me deparará, lo desconozco Señor. 

Vivir en la incertidumbre, en la duda, 
no me gusta, me molesta, me hace sufrir. 

Pero sé que Tú siempre me ayudarás. 

Yo te puedo dar la espalda. Soy libre. 
Tú nunca me la darás. Eres fiel. 

Yo sé que me tenderás la mano. 
Tú sabes que yo no siempre la tomaré. 

Por eso, hoy te pido que me ayudes a ayudarte, 
que llenes mi vida de esperanza y generosidad. 

No abandones la obra de tus manos. Señor. 


PERDÓN 

No podría retirarme sin pronunciar 
esa palabra que tantas veces, 
te debí de haber dicho, 
pero que por negligencia y orgullo he callado, 
perdón, Señor, por mis errores, 
descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad, 
por mi necedad y capricho, 
por mi silencio y mi excesiva locuacidad. 

Perdón, Señor, por prejuzgar a mis hermanos, 
por mi falta de alegría y entusiasmo, 
por mi falta de fe y confianza en Ti, 
por mi cobardía y mi temor en mi compromiso. 

Perdón, porque me han perdonado 
y no he sabido perdonar. 

Perdón por mi hipocresía y mi doblez, 
por esa apariencia que con tanto esmero cuido 
pero que en el fondo no es más que engaño a mi mismo. 

Perdón por esos labios que no sonrieron, 
por esa palabra que callé, 
por esa mano que no tendí, 
por esa mirada que desvié, 
por esos oídos que no presté, 
por esa verdad que omití, 
por ese corazón que no amó 
... por ese Yo que se prefirió. 

Señor, no te he dicho todo. 

Llena con tu amor mi silencio y cobardía. 

GRACIAS por todos los que no te dan gracias. 

AYUDA a todos los que imploran tu ayuda. 

PERDÓN por todos los que no imploran perdón. 





Me has escuchado...ahora, Señor, te escucho...

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Para recibir el Año Nuevo



Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar un año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en año pasado, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte. Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

Al iniciar un nuevo año detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que, cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad. Amén.





La Sabiduría del Águila




Dicen que, paradójicamente, lo único permanente en la vida es el cambio y es verdad. Esa es una de las leyes que rige el mundo manifestado.


Todas las formas permanentemente van cambiando, evolucionando, mutando, adaptándose, adquiriendo nuevas propiedades, generando nuevas situaciones, con la finalidad de que el espíritu que las habita pueda adquirir distintas experiencias y expresar distintas cualidades en cada momento.


A veces el cambio nos llega impuesto desde el exterior (como algo que las otras personas o la sociedad en su conjunto nos imponen) y otras veces surge como una necesidad interna que nos impulsa a hacer nuevas actividades o a cambiar situaciones que durante largo tiempo consideramos como deseables, pero la cuestión es que ya no hay modo de que las cosas queden como estaban.


Para colmo, muchas veces no entendemos el porqué de estos impulsos internos o externos, ni qué nueva situación nos espera si seguimos estos impulsos.


Esto nos genera muchos miedos e inseguridades.


Hay que deshacerse de estructuras viejas, crear otras nuevas y eso conlleva muchas veces esfuerzos, incertidumbres, errores, momentos en que ya no estamos en aquella situación que conocíamos ni tampoco en la que nos encontraremos luego, en que no sabemos que dirección tomará finalmente el proceso.


¿Qué actitudes tomar en esas situaciones?


Las primeras son aceptación y desapego. Para poder hacer algo coherente hacia el futuro hay que aceptar las nuevas condiciones internas y externas, propias y del entorno.


Reconocer que por más que nos no nos gusten, nos parezcan injustas o nos enojemos las cosas no van a volver atrás, que las circunstancias, las personas o nosotros mismos cambiamos y que respuestas que pudieron ser adecuadas y válidas en un momento pueden no serlo hoy.


Por lo tanto no hay que repetir mecánicamente respuestas del pasado sino que hay que estudiar, aceptar y comprender las nuevas reglas de juego.


La segunda es la fe, todo proceso en la naturaleza tiene un propósito, nada de lo que pasa es inútil y aunque en el momento duela, al final veremos que tuvo sentido para nosotros y para los demás y que si ocurre es porque de ello podemos sacar enseñanzas importantes que a la larga o la corta podremos capitalizar en oportunidades de crecimiento personal.


Además también lo que nos resulta doloroso pasará.


La tercera es la paciencia. Hay que aprender y respetar los tiempos internos y externos.


Todo proceso lleva su tiempo. A veces las cosas no son del todo claras y naturalmente nos llevan cierto tiempo de maduración interna. Otras veces la pelota no está en nuestra cancha y lo único que podemos hacer es esperar los movimientos y las decisiones de otros. En esos momentos lo mejor es esperar a que se clarifiquen y mientras tanto aprovechar el tiempo para hacer las cuestiones de rutina y fortalecernos internamente.


Transformarse o morir, parece decirnos esto ¿verdad? acaso no has estado en algún momento de tu vida en esta situación? La transformación es necesaria para poder continuar, detenernos en algún lugar para de esa forma logra ese cambio y sería maravilloso quedarnos dentro nuestro, asi de esa forma lograriamos más rápidamente esa transformación. Sacarnos el pico sería como preguntarnos ¿es necesario seguir hablando de lo mismo? las uñas ¿es necesario seguir aferrandome a esto que ya no puedo y quizas inconcientemente ni quiero? y así cada cambio te plantea una respuesta en tu interior a esas reguntas en tu exterior, porque en el exterior estan tus emociones que no te permiten aveces darte cuenta que es momento de detenerte y transformarte. 


Por último tratar de ir comprendiendo poco a poco la nueva situación, las oportunidades y los riesgos que nos presenta el nuevo escenario, el sentido que tiene y prepararnos interna y externamente para afrontarlo.


En resumen comprender las enseñanzas del pasado, aceptar el presente y actuar en él aprovechando las oportunidades que nos brinda de generar el mejor futuro posible es la mejor forma de crecer y ser felices.


Adelante, es tiempo de cambiar para poder volar más alto, hacia el gran vuelo, el único vuelo posible, el vuelo hacia tu interior. 

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